Mirando las noticias en televisión o leyéndolas en los medios, últimamente se han referido a una cantidad de bombardeos a objetivos civiles (hospitales en Siria y Afganistan) y habiendo recibido un video de los efectos que hacen los proyectiles, es que me animo a poner un artículo personal, que seguro dará que hablar; especialmente, porque parace una confesión, aunque el mismo pretende destacar nuestras carencias o errores y hacer un aporte para que tengan en cuenta las actuales autoridades de la Fuerza.

Ciertamente voy a crear polémica. Ya hace más de veinte años que me he ido de la Fuerza Aérea; he realizado prácticamente otra carrera y eso me permitió ver con otro enfoque todo lo relativo a la Defensa Nacional.

Como también he mantenido contacto con los camaradas bastante asiduamente, con quienes naturalmente hablamos de temas de actualidad, eso me permite también estar bastante al tanto de lo que sucede internamente. Más, he realizado el año pasado un curso en el CALEN que no he profundizado en comentarios, porque hiere sensiblemente nuestro profesionalismo; y por respeto a los mayores y darle lugar a quienes nos sucedieron, muchas veces “nos callamos la boca”, y cuando lo sugerimos, como “ya fuimos y no hicimos nada cuando estábamos”, en definitiva, no se crean ámbitos propicios para generar ideas, alternativas tan necesarias para suplir la falta de dineros endémicos para dotar a nuestras Fuerzas de los recursos suficientes y adecuados.

En fin. No es fácil. Pero, me voy a animar y voy a tirar públicamente algunos conceptos que de repente alguno “retruque”, “nos haga barajar de nuevo” y en el mejor de los casos, se utilice para el futuro y nos convoque para tratar más formalmente; a fin de coadyuvar a estudiar los diferentes casos.

Primero, la apreciación sobre el Curso realizado en el CALEN.

Ante una invitación recibida el año pasado (2015) por el CALEN para realizar un curso sobre: “Aspectos jurídicos de la Defensa Nacional”, me anoté y durante todo el año, invariablemente los miércoles de mañana, concurrí a dicho instituto a recibir conceptos nunca antes vistos y muchas veces, cuando “jugábamos a la guerra” me preguntaba cosas como: “qué hacer en caso de caer en manos enemigas?”; especialmente, para instruir a los pilotos que salían a cumplir misiones de combate (simuladas, naturalmente); y no tenía la más pálida idea de que existían una infinidad de convenios y tratados para hacer la guerra, y menos tener en cuenta cosas que tendrían que ser básicas para quienes planean misiones de combate. Más, en algunos planeamientos (teóricos), que de haber ocurrido una guerra y haberlos puesto en práctica, hoy seguramente sería buscado como “criminal de guerra y genocida”.

La cuestión, que pasado el tiempo; conocernos todos los participantes (la mayoría doctores en abogacía, economistas, licenciados en educación, escribanos, y algunos militares) hicimos un grupo maravilloso y muy ameno, interactivo y estudioso, y estando prácticamente culminando un año sumamente productivo, que “me puso a tono” con los principios y reglas de la guerra; que lamentablemente vemos todos los días en los noticieros y se violan constantemente por todos los beligerantes, tornándonos una y otra vez todos en unos “barbaros”.

Naturalmente, comenzamos con conceptos de Seguridad y Defensa, donde dentro de varias cosas, me di cuenta que fui partícipe desde los inicios de aspectos doctrinarios que hoy se profesan (Grupo 2, Escuela de Comando y Estado Mayor Aéreo, Centro de Estudios de Defensa y oyente en los Debates de Defensa Nacional) y orgulloso, de los avances que se han realizado al respecto.

Después, nos presentaron las leyes marco de Defensa Nacional, Decretos de política y el CODENA, así como una serie de presentaciones del ESMADE, Ejército, Armada Nacional, y Fuerza Aérea, así como nociones de procedimientos de Estado Mayor.

Y más adelante, por lo menos a mí, me introdujeron en Derecho Internacional Público, Derecho Internacional Humanitario y Derechos Humanos, que me “desempacharon” de un montón de cosas, que de haber participado, como decía anteriormente, en una guerra, les puedo asegurar que hoy estaba tras las rejas.

En fin, a modo de aclarar el azoramiento; haber sido lego en cuestiones vitales, cuando tenía en mí la capacidad de planear y cumplir eventualmente misiones de combate, es que compartiré todos esos conocimientos aprendidos durante éste año.

Ya les adelanté en la página del Grupo, en Biblioteca/ todos los documentos/ Defensa Nacional (http://www.simbolicodecaza.org/index.php/medias/biblioteca/category/16-defensa-nacional) todos los documentos que nos proveyeron y que son de acceso público.

Pero, lo que más me impactó, fueron las clases impartidas por nuestro camarada, el Cnel.(Nav) Dr.Hugo Corujo sobre: “Derecho Internacional Humanitario” y posteriormente, otras clases sobre Derechos Humanos y Derecho Internacional Público.

Y me impactó desde el principio, porque las Partes contendientes no pueden hacer uso ilimitado y discrecional de los medios y métodos de combate; todo establecido en convenios y protocolos, algunos más recientes. Pero, los principales y básicos, desde hace muchísimos años (más de 100, que vienen desde el S XIX)

Sabíamos que existía (+/-) un Protocolo de Ginebra de 1925 que hacía referencia a la prohibición del empleo de gases asfixiantes tóxicos o similares y armas bacteriológicas (aunque de éstas últimas, siempre hablábamos de la necesidad de estar preparados y protegernos apropiadamente). Más, el Derecho de la Haya dirigido a regular la conducción de las hostilidades a fin de proteger a las víctimas de los conflictos, alcanzando entre éstas a heridos, enfermos, náufragos, prisioneros de guerra, poblaciones civiles, etc. la verdad, brillaba por su ausencia (por lo menos para nosotros cuando éramos Oficiales Subalternos y Jefes).

Alguien sabía exactamente, que había restricciones de los medios y métodos de combate, especialmente de las armas a ser utilizadas?

Yo me acuerdo que se nos hacía “agua la boca” cuando hablábamos de los cohetes con cabeza real WDU-4/A “flechette”[1] que tenía el manual para los Mk-4 FFAR o las bombas “napalm”, las balas incendiarias o explosivas. Y resulta, que estaban prohibidas. Y que está prohibido atacar objetivos militares siempre que sus efectos puedan causar daños desproporcionados a las personas o los bienes civiles y que causen males superfluos o sufrimientos innecesarios, así como también, provoquen daños extensos (bombardear una represa), duraderos y graves al medio ambiente natural (bombardear una planta de generación de energía nuclear).

Más, me desayuné que hasta habría que actualizar el Código Penal Militar, ya que la Constitución de la República y la Declaración Universal de Derechos Humanos, establece el juicio JUSTO, obligando el derecho de defensa debidamente garantizado, asegurando el cumplimiento del principio del debido proceso. Quiere decir que el acusado tiene derecho a: conocer la acusación, disponer de tiempo y medios impugnatorios, asistencia letrada en el proceso, tomar parte de las diligencias procesales, no puede ser obligado a declarar contra el mismo o bien confesarse culpable, así sea una falta.

Sabían que el Protocolo Adicional I a la Convención de Ginebra se establece que es responsabilidad civil del Estado, lo cual involucra a los Oficiales (como superior) por los subordinados que cometan o eventualmente, cometan una infracción?

De repente, hay muchos hoy que por haber salido al exterior en cumplimiento de misiones de paz, sepan muchas de éstas cosas. Pero, retrotrayéndonos en el tiempo, obviamente los “veteranos” teníamos grandes carencias al respecto.

Sabían también, que es ilícito la utilización de métodos de guerra con la finalidad de debilitar a la facción enemiga, más allá de la duración del conflicto, destruyendo objetivos que comprometan la recuperación económica e industrial del Estado atacado? Y lo digo, porque basado en la innumerable literatura y obvios tratamientos profesionales de dichos temas, nunca jamás, tuve en cuenta la proporcionalidad de los ataques. Más, siempre buscábamos objetivos que estratégicamente pudieran ocasionar grandes pérdidas, sabiendo de antemano que por nuestra pequeñez, siempre íbamos a estar en inferioridad de condiciones.

Naturalmente las Fuerzas Armadas, de por sí, por formación, no seríamos tan inhumanos; aunque al ser profesionales de la guerra nos creamos una coraza e insensibilizamos ante daño que eventualmente podríamos infligir al enemigo. Y de alguna manera quiero explicar y justificar, que existen principios en el Derecho Internacional Humanitario de los “males Superfluos” a fin de evitar sufrimientos innecesarios e inútiles.

Y éste concepto, aunque parezca mentira, se remonta a la declaración de San Petersburgo de 1868, donde los Estados contratantes se comprometen a renunciar al “empleo por sus tropas de todo proyectil de un peso inferior a 400 grs. que sea explosivo o esté cargado de materias fulminantes o inflamables”.

Además, se declara como único objetivo legítimo de los Estados durante la guerra, el de debilitar las fuerzas militares del enemigo por lo que consiste en poner fuera de combate al mayor número posible de hombres, sin necesidad de propinar todo tipo de atentados contra la vida o la integridad física o mental de las personas, como también los daños causados a los bienes materiales en general. De ahí la expresión “superfluos”, lo cual trata todo aquello que resulta innecesario; que está de más.

En tal sentido, de acuerdo a las leyes y costumbres de la guerra, el mal resultará necesario y en definitiva será considerado lícito, como también los medios y métodos empleados para causarlo, cuando estén destinados a obtener una ventaja militar concreta, definida y batiendo objetivos militares.

Por tal razón, resultaría ilícito la utilización de métodos de guerra con la finalidad de debilitar al Estado enemigo, más allá de la duración del conflicto, destruyendo objetivos que comprometan la recuperación económica e industrial del Estado atacado.

A esta altura, importa precisar cómo se conjuga el principio de males superfluos con la noción del “principio de necesidad militar”, prohibiéndose en definitiva su utilización excluyendo todo cálculo de proporcionalidad, entre el daño y la ventaja militar concreta y directa prevista. Así entonces, cuando hablemos de proporcionalidad en el ataque nos estamos refiriendo a la razonable equivalencia entre la pérdida de vidas humanas y daños en los bienes civiles (efectos colaterales) y la ventaja militar concreta y directa que se obtiene con el ataque.

No sé cómo se hace ahora. Insisto, como está en boga el participar nuestro país en las Misiones de Paz, y quienes deciden cumplir con ese servicio se les imparte cursos especializados, de alguna manera se cumple con el Derecho Internacional Humanitario y la obligación de impartir órdenes e instruir debidamente a las Fuerzas Armadas para asegurar el respeto al DIH, que desde 1899 y 1907 en las Convenciones de la Haya se venían reiterando normas al respecto.

Y yo, personalmente me perturbo, porque de haber sabido de éstas normas vitales para el militar, no se hubieran dejado de cumplir preceptos básicos y hubiéramos integrado profesionales universitarios de diferentes especialidades en nuestros staff de planeamiento (reales o simulados) de misiones pre planeadas ante hipotéticos enemigos, así como integrar en los programas de curso ésta materia, tanto a la población civil, como al personal militar en particular.

Ustedes sabían que la población civil está protegida ante los ataques aéreos? Sí, que fácil era pergeñar ataques de reconocimiento armado o de contrafuerza aérea a objetivos donde seguramente en sus alrededores podía haber personal civil. Y a eso si le agregamos la sorpresa, el adelanto tecnológico o el alcance del conflicto, seguramente dejaría sin respuesta a muchos ciudadanos desprotegidos. Y capaz que en muchas situaciones pudiéramos justificarlo por la imperiosa necesidad militar. Pero, no les debe quedar dudas que podríamos también quedar comprendidos por las disposiciones penales.

Por eso es vital cuando se realiza la inteligencia de blancos, saber si las zonas protegidas están en áreas poco pobladas, están alejadas y desprovistas de todo objetivo militar, instalaciones industriales o administrativas de importancia estratégica.

En tal sentido, hay un Protocolo Adicional donde se establece una serie de preceptos por los que se trata de disminuir al máximo el número de víctimas del conflicto entre la población civil, mediante una adecuada limitación de los medios y métodos de combate. Así entonces, la obligación de aplicar el “principio de distinción” a efectos de distinguir en todo momento la población civil de los combatientes, los bienes de carácter civil y los objetivos militares. O sea, que está prohibido los ataques indiscriminados, tales como pueden ser los de tierra arrasada, guerra sin dar cuartel o bien llevada delante de modo de no dejar sobrevivientes.

Y se acuerdan por qué siempre preveíamos las misiones de “búsqueda y rescate”? Porque hay convenios de protección relativos a los heridos, enfermos y náufragos, y existe obligación siempre que las circunstancias lo permitan, asegurarles asistencia y eventualmente, dar destino decoroso a los cadáveres.

En fin, . . . y sabían (ahora que está tan de moda, hablar de los monumentos de patrimonio de la humanidad) que hay muchísimos lugares que estaría protegidos en caso de conflictos armados y que hay un emblema específico para visualizarlo? Cómo es el mismo?[2]; y que además están bajo protección especial entre otros, los bienes culturales, lugares destinados al culto de diversas religiones, bienes indispensables para la supervivencia de la población civil y obras o instalaciones que contienen fuerzas peligrosas, tal como podrían ser las represas, diques, centrales nucleares, etc.

Y repasando un poco la información, al final aprendimos más de las películas de guerra. Cuando un combatiente es tomado prisionero, será lógicamente interrogado (en nuestro idioma), estando obligado a declarar únicamente por su nombre y apellido, grado y fecha de nacimiento; número de matrícula y a falta de ésta una indicación equivalente. Y teniendo el derecho de mantener la dignidad y honor, no se nos privará de la graduación, así como usar las insignias y condecoraciones.

Ah!!!, y los prisioneros de guerra tienen plena libertad para intentar la evasión y es deber ayudar a los compañeros.

El rápido desarrollo de la tecnología en materia de armamentos, ha traído aparejado especialmente para el Derecho Internacional Humanitario la necesidad de regular los medios y métodos de hacer la guerra. En tal sentido, desde 1868 cuando se examina por primera vez la licitud de armas nuevas a instancias del Zar de Rusia, por los proyectiles que explotaban al hacer contacto con un material blando como el cuerpo humano, obviamente desde ese momento está prohibido.

Por eso se hace imperioso estudiar y planificar el abatir objetivos militares legítimos, manteniendo el equilibrio entre la necesidad militar y el sufrimiento causado. No se puede causar sufrimientos innecesarios. Por eso está prohibido el uso de bayonetas con filo dentado, proyectiles que se aplastan (no corre más las “dum dum”), proyectiles que se expanden, el uso de venenos o sustancias que provocan inflamación, armas biológicas y químicas, fragmentos no detectables por rayos X o rellenos con vidrio picado o molido; las trampas “caza bobo”, las minas antipersonal, torpedos sin mecanismos de autodestrucción, armas incendiarias, armas laser que provoquen ceguera, uso de herbicidas, etc.

La cuestión, que creo me he pasado de rollo. Por lo que puedo ir dando como corolario un par de conceptos más que fueron nuevos para mí. Y como todas los órdenes de la vida, cómo hacemos para poner en práctica ésta rama del Derecho Internacional? Hay medidas preventivas, de control y represivas.

En cuanto a las primeras, en nuestro país como Estado que ratificó los Convenios de Ginebra, Protocolos Adicionales, Convención de la Haya, etc. se obliga al cumplimiento de dichas normas para lo cual en principio debe hacerlas conocer a las Fuerzas Armadas y Policiales, así como a la población civil en su conjunto.

Por otro lado, será necesario adoptar las normas de derecho interno, y de ahí no escapa la necesidad de “aggiornar” nuestro Código Penal Militar (ya que el Código Penal Ordinario lo hizo).

Menos mal que no tuve que actuar, y menos Comandar alguna acción de guerra. Porque les puedo asegurar que hoy estaba con pena privativa de libertad de carácter indefinido por criminal de guerra, y crímenes de agresión y genocidio.

Consejo – lean el libro “Lecciones de Derecho Internacional de los Conflictos Armados” del Cnel.(Nav) Hugo Corujo Sanseviero que redacto para los festejos del Centenario de la Aviación Militar. (Recomendable e instructivo)

 


[1] La “flechette” era un proyectil con forma de un pequeño dardo de metal, generalmente acero, con una punta afilada y una cola con varias aletas para darle estabilidad durante el vuelo que tenía la cabeza de guerra de los cohetes 2´75”

[2]El emblema de protección en virtud del Pacto de Roerich consiste en un círculo rojo con una triple esfera roja dentro del círculo y sobre fondo blanco y tiene el mismo significado que el escudo azul y blanco de la Convención de la Haya de 1954