Muchos suspiran por la llegada de la jubilación, pero pocos han planeado cómo van a afrontar un cambio vital tan drástico. Los expertos auguran que el abandono de la actividad, especialmente si se adelanta, provoca euforia inicial seguida de sentimientos depresivos.

Los trabajadores prejubilados presentan un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, así como de alteraciones nerviosas y mentales derivadas de la tensión psicológica que genera la dificultad en la adaptación a su nuevo estado, después de una fase inicial más o menos breve de euforia. Los expertos indican que en estos casos resulta necesario un tratamiento individualizado.

Esta es una de las conclusiones del Estudio sobre repercusiones psicopatológicas y sociales de la jubilación anticipada y las prejubilaciones realizado por José Antonio Flórez Lozano, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo. Según su investigación, el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares es entre tres y cinco veces mayor en el caso de los trabajadores prejubilados, quienes además tienen entre cuatro y siete veces más posibilidades de padecer patologías de tipo nervioso y mental. La incidencia de afecciones gastrointestinales se dobla en este colectivo que, además, sufre el triple de dolencias óseas y musculares que la población general.

La razón de esta situación se encuentra, según Flórez, en que la prejubilación actúa para el trabajador como "una potente causa de tensión psicológica".

De la euforia a la depresión

La transición de una situación activa, desde el punto de vista laboral, a la condición de retirado se produce de un modo rápido, tanto que adquiere las características de suceso o de evento vital, opina Flórez. En este sentido, Edelio Blanco, geriatra y asesor del Instituto Gerontológico de Madrid, indica que a este nuevo estado se une el hecho de que el prejubilado tiene que asumir un nuevo rol, un cambio de función que implica modificaciones sociales y económicas. "La edad no es un factor tan importante es estos casos como la facilidad para adaptarse o no a la nueva situación", asegura.

La evolución que se experimenta en la prejubilación estaría formada por dos fases: un primer momento, denominado luna de miel, que está marcado por el predominio de sentimientos de euforia, ilusión e hiperactividad, "derivados de un mayor tiempo libre, con unos ingresos económicos elevados que provocan en el prejubilado un estado de ánimo expansivo, que puede durar desde unos meses hasta dos o tres años, durante los cuales vive una agitación psicomotora importante, una autoestima exagerada y un consumo excesivo", precisa Flórez.

A continuación comienza otro período marcado por el desencanto, en el que disminuye la autoestima del trabajador y predominan los sentimientos depresivos.

El 70 por ciento de los 300 trabajadores entrevistados por Flórez mostraban en un primer momento su satisfacción inicial por la nueva situación; sin embargo, tiempo después, un 53 por ciento se sentía aburrido, lo que representa "un potente agente estresante", añade el psiquiatra.

Cada vez más joven

Flórez alerta sobre el incremento de trabajadores que finalizan su vida laboral a una edad aún joven, entre los 55 y 59 años, "circunstancia que hace que muchos de ellos no estén preparados para dar este paso", afirma Edelio Blanco, quien considera que además de apoyo psicológico, la prejubilación requiere que el trabajador se mentalice poco a poco ante la llegada de este momento.

En este período se incrementan la presión sanguínea y el colesterol, así como el estrés y el riesgo de sufrir enfermedades psicosomáticas, con cefaleas, trastornos del sueño y afecciones gastrointestinales, lo que explica que un 20 por ciento actúe como hiperfrecuentadores de los centros de salud.

La prejubilación es, según Francisco Alonso Fernández, presidente de la Asociación Europea de Psiquiatría, una etapa de la vida donde se experimenta la misma sensación que cuando un alumno abandona el instituto para comenzar los estudios universitarios: "En ambos casos, la persona no sabe cómo organizar el tiempo libre del que de repente dispone".

Cuestión de organización

El experto considera que es precisamente esa falta de organización la causa de que aparezcan problemas y trastornos mentales en el paciente. "Del mismo modo que un universitario bien programado tendrá muchas posibilidades de aprobar el curso, si un prejubilado se mentalizara de la importancia de mantenerse ocupado y planificar el tiempo para disfrutar de la vida, no tendría que recurrir a ningún tipo de terapia psicoterapeuta, porque no tendría ningún problema relacionado con su salud mental", asegura Alonso.

La preparación previa es, por tanto, una ayuda para luchar contra las estadísticas que indican, según el psiquiatra, que un 30 por ciento de las personas que anualmente se prejubilan sufren alteraciones mentales. Tanto la prejubilación como la jubilación representan una etapa de alegría para las personas que debe ser disfrutada plenamente, opina Alonso.