RECUERDOS DE VIEJO

carolinaIN-ME-DI-BLE

Cualquier parecido de este relato con la vida real NO ES COINCIDENCIA.

        La canícula veraniega se cernía implacable cuando descendimos del U-17A que nos transportó a “La Carolina”, el pasto crujió bajo las botas. Ese mismo pasto nos cubrió, instantes después, junto con la tierra impulsada por el torbellino de la hélice del que fuera un momento antes nuestro transporte.*    Obviamente, empezamos mal.

        Mientras nos sacudíamos, a nuestros pies descansaba el equipaje, termo y mate -para el “Bote” cosa infaltable-, dos walkie talkie TT con sendas baterías de repuesto, una funda con una antena desmontable y un equipo VHF ALPHA100 nuevecito.

 

        La tarea consistía en probar la transmisión del equipo, en tiempo real, y ver el resultado de los impactos de bombas lanzadas en el polígono escuela.

A esos efectos, el “Bote” -Bote por su experiencia en la Armada- y yo, estaríamos en la torre 1 y el encargado eventual de destacamento -en este caso el “Nene”- en la torre 2.  Serían usadas las miras confeccionadas para tales efectos y una gráfica en la que, triangulando información de ambas miras, indicaba el impacto que después se transmitiría a la aeronave.*

Con la antena armada y colocada, el VHF conectado a la misma y posterior a un pequeño briefing al fresco de la vivienda, nos aventuramos a nuestras respectivas, metálicas y “calefaccionadas” torres a la espera de la sección de A-37.

Al “amparo” del metálico techo -y ya sin camisa-, oteamos el blanco por la posible presencia de ganado, pero solo vimos una bandada de ñandúes reunidos en el mismo centro y aunque no parezca creíble, parecían gustar del lugar.

Cuando al fin sentimos el sonido de los “Alfa” de la sección “Chaná”, a esa altura de los acontecimientos, “disfrutábamos” de un hermoso sauna seco. Mientras nos secábamos la transpiración a fuerza de camiseta, la sección ante nuestra impaciencia, comenzó una serie eterna de padrones secos.

Finalmente -y aquí es donde comienza la historia- el guía anuncia el inicio de los padrones calientes de BDU. Nosotros sabíamos que posiblemente en alguno/s de los impactos, la carga de señalación podría no detonar, por lo que estábamos atentos a la trayectoria de la BDU desde el momento de desprenderse del avión para no perder el lugar de caída. Por lo tanto, la visión de tres pares de ojos iba a converger en un mismo punto.

-“Chaná” 1 picando caliente.

-Copiado y atentos… ¡daaaale!

Vimos desprenderse la bomba del avión, pero a pesar de nuestro ingente esfuerzo visual, no vimos el impacto. Por algunos segundos todo fue como en cámara lenta y si las acciones hubieran sido una caricatura, sobre las torres se habría visto un gran signo de interrogación. Ni el “Nene” en la torre 2, ni el “Bote” en la torre 1 a mi lado, ni yo en la torre 1 al lado del “Bote” vimos nada. Instantes más tarde, alcanzamos a ver desviando considerablemente nuestra vista hacia el monte de eucaliptus adyacente que, al borde exterior del mismo, opuesto al blanco, había una nubecita delatora de un impacto “algo alejado” de su objetivo.

Chaná Uno pidió -ante la demora y con la lógica premura- el resultado del impacto. A falta de datos que aportar, contesté tímidamente: “Chaná Uno, inmedible”.  La respuesta llegó en tono casi airado y casi interrogante: “REPITA”. Tal vez por el excesivo calor reinante en el cubículo de la torre, o por la transpiración, o por el tono incrédulo de ese PIC, vaya uno a saber, la repetición surgió desde muy adentro mío en forma de un casi estentóreo, casi sarcástico, casi impensado, pero cuidadosamente silabeado: “IN-ME-DI-BLE”. Y el asunto no dio para más ya que Chaná Dos estaba picando.

El ejercicio continuó hasta agotar armamento afortunadamente sin inconvenientes. Los impactos, con mayor o menor fortuna (puntería), fueron evidentemente mucho mejores que el primero.

Hoy al retrotraerme, veo ese hecho, que no tuvo consecuencias posteriores y que se podría calificar de intrascendente, es parte -aunque sea mínimamente- de la historia de “La Carolina”. Ese INMEDIBLE fue tal vez el primero, el único y el último emitido al éter en un ejercicio de tiro aire-tierra. Y como historia eso me basta y estará siempre sacándome una sonrisa en mis recuerdos de viejo. Ese IN-ME-DI-BLE lo transmití yo y no me lo quita nadie.

La sección puso rumbo a SUDU y aún se la escuchaba cuando abandonamos la “atalaya” huyendo del calor y pensando en el almuerzo. En la tarde habría más movimiento.

Antes de irme, miré hacia el blanco y me reí solo. En él, la bandada de ñandúes seguía “tomando mate”.

Sgto.(R) Carlos Olascoaga

“Gallo”

*Ameritaría otra historia.